El Museo Egipcio de Turín tiene la colección de arte egipcio mas grande del mundo fuera de Egipto.  Es el resultado del arduo y tozudo trabajo de muchos y en especial, el de un gran arqueólogo italiano,  Schiaparelli, quien, al igual que otros en su época- Schliemann con Troya o Carter con la tumba de Tutankamon- dieron su vida y su fortuna persiguiendo un sueño y rescatando para las generaciones futuras tesoros que nos permiten entender como fue la vida de aquel entonces.
Quiero simplemente comentarles que además de los tesoros que en él se encuentran (la sola visita de la sala negra vale el viaje a Turín), llama la atención el estado de conservación de las piezas.
La visita empieza por los restos de la tumba de Kha. Entre ellos, no podían faltar los alimentos que conformaban la viandita para el más allá. Panes (que pueden ver en varias fotos anexas) , especies, cereales y pequeñas ánforas para los líquidos.
El ambiente seco del desierto y los adecuados criterios museísticos han permitido que se conservaran hasta nuestros días estos alimentos, dándonos a conocer que comían los egipcios, lo que sembraban, lo  que bebían además de mostrarnos la importancia del concepto de la vida después de la muerte.

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