Llega el verano y quedamos sumergidos en frutas: melocotones, nectarinas, albaricoques, paraguayos, cerezas,… Es la variedad, el sabor, la textura y sobretodo, el color: el uno y el todo nos recuerdan los meses cálidos,  las caminatas al aire libre, los conciertos del verano, la playa.

Hay muchas maneras de asumir esta avalancha: con hambre, con ganas de hacer confituras o zumos, con la cámara en la mano.

Tocamos la fruta, la lavamos- a veces si y otras no-, la compramos , la recogemos en un campo sembrado, nos montamos en un árbol a recogerla. La cámara no parece suficiente.

Algunas fotos saldrán desenfocadas,  otras las pasaremos por photoshop. Para los mas obsesivos, la imagen del dermatoscopio de la piel de la fruta nos recuerda lo desafortunado que puede ser darle el nombre de una piel de fruta a una patología agresiva.

La fruta se presenta engalanada por una cobertura llena de huellas, de fina pelusa, de manchas atornasoladas, de pequeñas protuberancias o de imperceptibles depresiones que nos recuerdan la infinita belleza de la naturaleza, del verano, de las caminatas al aire libre, de la playa….

 

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