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El Vieux Port de Marsella al atardecer

Esta mañana me levanté y , mientras me desayunaba un frugal desayunito de manchego y melón, me encontré con un artículo en la Vanguardia por Joan de Sagarra titulado ” La bullabesa” .

Inicia así: ” El martes me fuí a Marsella, a zamparme una bullabesa“.

¡Listo!. Este señor es amigo mío. El no lo sabe pero me da igual. Alguien que decide tomar el coche para ir a zamparse una bullabesa en un lugar mágico ( ahora que medito no se si debí poner la palabra “mágico” antes de “zamparse”, antes de   “bullabesa” o antes de “Marsella”….) es sin lugar a duda un ser que sabe disfrutar de la vida,  hacer de lo más pequeño un paraíso…(Acoto que Sagarra además de escribir en la Vanguardia es un poeta y sibarita reconocido . De otra manera, ¿como explicar que ya dejara dicho que para su muerte: ” no vol pas que l’incinerin, sinó que el flambegin amb un armanyac del 67“).

Resulta que va camino a Aix..Y piensa seguir contando la crónica. Ya se las iré publicando (yo, el canibal de periódicos). Me las puedo imaginar : sentado en la plaza de Pecheurs mordisqueando Calixons d-Aix comprados en la Rue de Soporta donde Roy René;  pasando por la Patisserie de Moro en Arles a comerse unos croquants  ( unos biscochitos estilo “brutti e buoni” que tanto le gustaban a la nonna y que tienen su equivalente catalán también) ….No sigo, no sigo…

Leo en el segundo párrafo que no tiene coche ni conduce y que necesita para aquellos momentos irreprimibles que le dan de zampamiento de bullasesa, algún voluntario , simpático, con coche propio, que  conduzca  bien  y que por supuesto, le guste la bullabesa. ¿Pero será que nos habíamos conocido antes?

Ali y yo, en un gesto de absoluto altruismo , hacemos público por este medio , nuestra disposición. La mía , en lo particular y por darle aquel toque que me caracteriza, no será de zamparme la bullabesa, don Joan,…. estoy dispuesta, depués de su maravillosa y tentadora descripción (“…los pescados bien marinados en tomate de la Provenza,….”) …pues le decía,… estoy dispuesta a zambullirme sin muchos preambulos, en ella!!!

Bon profit y bon viatge!

Joan de Segarra
Joan de Segarra

LA TERRAZA

La bullabesa

JOAN DE SAGARRA  – 05/07/2009

El martes me fui a Marsella, a zamparme una bullabesa. Tengo una buena decena de razones para visitar Marsella, tantas como las Marsellas que conozco y que con los años – cuarenta y siete desde que pisé por primera vez la Canebière, recién acabada la guerra de Argelia-las he hecho más mías, pero, si he de serles sincero, todas esas razones acaban resumiéndose en una: en la añoranza, que pronto se convierte en deseo irreprimible, de zamparme una bullabesa. Y yo soy de la opinión que la mejor bullabesa se cocina en Marsella.

A Marsella se puede ir en barco, en avión, en tren y en coche. He ido de todas las maneras, pero últimamente me inclino por el coche, que me permite detenerme en Figueres para hacer el aperitivo en la rambla y luego ir a almorzar al hotel Ampurdan – mi querido y viejo Motel-antes de seguir camino hacia Marsella. Pero se da la casualidad de que ni tengo coche ni conduzco, con lo que cuando me coge ese deseo irreprimible de zamparme una bullabesa tengo que recurrir a un amigo que quiera llevarme en su coche. Amigos no faltan, pero hay que dar con uno que aparte de ser un buen conductor, sea simpático y, a ser posible, experimente esa misma añoranza de una buena bullabesa que a mi me pilla de tanto en tanto. Pues bien, esta vez he dado con el tipo perfecto: excelente conductor, simpatiquísimo y un forofo de la bullabesa. Me refiero al actor Joan Anguera, todavía disfrazado de Josep Pla (el personaje que Anguera interpreta en El quadern gris,el montaje de Joan Ollé que se estrenó hace escasos días en el Lliure), pero sin la bata y la boina, y que además conduce un coche con una curiosa, curiosísima matrícula: 1714 FLC. Cuando a Anguera le entregaron el coche y vio la numeración – ¡1714!-de la matricula casi le da un patatús. Estuvo a punto de cambiarlo, pero luego se lo pensó mejor y acabó quedándoselo. Y creo que hizo bien, y más ahora que hemos descubierto que Josep Pla era “independentista”. Y siguiendo con la coña de los Prenafeta ´ s Boys, que se consuelan de “viure en un pais ocupat” engullendo un estofado tras otro en Cà l ´ Isidre, a la altura de Perpiñán acabamos por convertir el coche de Anguera, en un vehículo de las Forces de Libération de la Catalogne Nord (1714 FLC) en viaje oficial hacia Marsella. “Seguro que cuando vuelvas a Vic”, le dije a Anguera, “más de un mosso se va a cuadrar y llevarse la mano a la gorra cuando te vea circular en tu precioso automóvil. Sólo te faltan el ruc y la senyera estelada”.

En Marsella la bullabesa es un plato tan famoso como aquí la paella. No hay ningún restaurante del Vieux Port, ni el más miserable figón para turistas, que no ofrezca la bullabesa en su menú. A lo largo de esos casi cincuenta años que llevo frecuentando los restaurantes marselleses me habré zampado alguna que otra bullabesa memorable. Recuerdo la del New York, el restaurante (ya no existe) más chic de Marsella, frecuentado por políticos, gángsters, navieros y gentes de la jet set de la Costa Azul, situado en el Quai des Belges, donde hoy hay un Hippopotamus. Recuerdo la bullabesa de Aux Mets de Provence, en el número 18 del Quai de Rive-Neuve, fundado por un gran cocinero, Maurice Brun, amigo de Charles Maurras y de Léon Daudet, y autor de uno de los libros sagrados de la cocina provenzal: Groumandandugi. Recuerdo otras memorables bullabesas, pero ninguna como la que me sirven en Chez Fonfon desde hace una treintena de años y a donde fuimos a cenar con Anguera. El bouillon era delicioso y los pescados que fuimos introduciendo en él – la rascasse, el merlan, la vive, el roucan, el rouget, el grondin, la daurade, el congre… bien marinados con tomate de la Provenza, cebolla, pimiento y ajo, bañados en aceite de oliva con azafrán e hinojo-sabían a gloria. Nos zampamos tres platos regados con un par de botellas de Cassis, Blan de Blancs (Domaine du Paternel).

Anguera estaba que alucinaba. Confesó no haber comido jamás una bullabesa que se le pudiese comparar. Y más en un sitio semejante. Chez Fonfon se halla situado en una típica calanque marsellesa, en el Vallon des Auffes, una cala de pescadores del barrio de los Catalans, con sus típicos cabanons, donde a través de los arcos que dan acceso a la cala se contempla la silueta del Châteaud ´ If , donde estuvo preso Edmond Dantès, el que luego se convertiría en el célebre Conde de Montecristo, mientras su prometida, Mercedes Igualada, una catalana de Marsella, le lloraba desde la ventana de su casita, situada no lejos de donde hoy se encuentra Chez Fonfon.

Después de esa bullabesa, lo más aconsejable era ir a tomarse una copa y fumarse un buen habano en una de las terrazas del Vieux Port, donde pasa un poquito de aire. Tomamos asiento en una terraza donde antes estuvo el popular Cintra, haciendo esquina con la Canebière. Pedimos unos pastís y nos fumamos unos robustos de Ramón Allones. Los cigarros y nuestro catalán llamaron pronto la atención de nuestros vecinos de mesa, marselleses. “¿De dónde vienen ustedes?”. “De Barcelona”. Y la señora se deshace en elogios de la Gran Encisera, aunque, para su gusto, hay un exceso de turistas. El marido de la señora nos dice que cada año suele acudir al circuito de Montmeló y que su cuñada está encantada con Port Aventura, donde llevó a los niños la semana pasada. Acabamos, cómo no, hablando de la bullabesa ydel Barça. Al llegar al hotel, antes de acostarme, hojeé las poesías completas de Louis Brauquier: “Je voudrais qu´en mangeant des moules au bistro / Du port, / Tu t´imagines que c´est aujourd´hui qu´est mort / Rimbaud” . Y me dormí como un bendito. Mañana seguimos camino hacia Aix, al encuentro del catalán más universal después de Xavier Cugat: Pablo Picasso. Continuará…

NOTA AL MÁRGEN DEL ARTÍCULO QUE SE LAS COPIO

(Es en realidad una nota no para ustedes sino para los gatos de la familia que pensé les podia interesar, osea, para Farinelli, Mahler y Toya)

Vale la Pena.

gato-leyendoLa librería L ´ Odeur du Temps. Una mezcla de nuestras Laie y La Central, pero más chiquita. Está situada en la rue Pavillon, muy cerca del Vieux Port marsellés, paralela a la Canebière. Hace años, en la rue Pavillon hubo las oficinas del PPF (Partit Populaire français) de Doriot y el gángster Lydro Spirito tenía su cuartel general en el Amical Bar. Esta semana L ´ Odeur du Temps dedica su escaparate a Robert Walter. He comprado un precioso libro para mi gato Maurizio: Pourquoi les chats chassent les souris.

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