Ir a cenar a donde la Ruscalleda (http://www.ruscalleda.com/) es ir a disfrutar de las delicias de una de las grandes chefs que se encuentra en el firmamento de las estrellas Michelin.

Con 5 estrellas en su aval – dos para su restaurant en Tokio y tres para el de Sant Pol- la Ruscalleda se enorgullece de usar productos de la zona, entre ellos, el aceite de la cooperativa de Cambrils, arbequina 100%.

Además, le recuerda a los que piensan comer en su local que comerán platillos que difícilmente podrán preparar en casa. En efecto, el menú degustación es  un sin fin de sorpresas, donde hay un juego constante de texturas, brillos, sabores y magnificas presentaciones.

La brandada de bacalao (una mousse muy mediterránea, de origen provenzal) fue quizás el plato más hermoso de la noche. Lo llamó: Mondrian Gastronómico.  Inspirada en un cuadro del pintor, preparó gelatinas de varios pimientos que ensambló en un molde hecho aposta para la receta.

Tomamos un ravioli vegetal envuelto en jamón Joselito; pez loro sin espinas; potro de los Pirineosm en hierbas y setas; un postre hermosísimo de rosas y arándanos y una ganache de chocolate negra.

Llamaba la atención que en la mayoría de los platos se incluía un elemento que tenía una forma determinada, era de textura gelatinosa por fuera que permitía mantener el contenido líquido dentro de ella (donde venía alguna crema de vegetal, por ejemplo).

Brindamos con uns extraordinaria cava embotellada para la creadora con motivo de sus 20 años de vida profesional.

En un comedor con vista al mar y frente al cual pasaba un silencioso tren hasta altas horas de la noche, hicieron que esta  velada fuera totalmente mágica.

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