Elena del Rivero y su "Gran trapo de cocina"
Elena del Rivero y su "Gran trapo de cocina"

Les copio una entrevista aparecida el día 23/2/2009 en el diario El País de España, a cargo de la periodista Isabel Lafont. No conocía a esta artista pero pienso ir a ver su obra en Madrid , en la galería de Elvira González.  Parte de la obra de esta artista gira entorno a lo cotidiano, la cocina, lo femenino. Como ella misma declara: “… Situo lo doméstico en el rango de la espiritualidad”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ENTREVISTA: ALMUERZO CON… ELENA DEL RIVERO
“El arte unido a la belleza es una curación”

ISABEL LAFONT 23/02/2009 .El País

  
A Elena del Rivero le entusiasma la idea de una entrevista que gire en torno a la comida. Buena parte de la obra de esta artista valenciana -aunque neoyorquina de adopción desde 1992- da vueltas a la idea de la casa, el hogar, la cocina, lo femenino, la madre. Pregunta curiosa al camarero si la rúcola es de hoja ancha o estrecha mientras cuenta que en sus últimas obras la pieza clave es un gran trapo de cocina de dos metros, realizado en papel de abacá y dorado con pan de oro: “Lo que he querido es situar lo doméstico en el rango de la espiritualidad: un hombre o una mujer que cocinan y reúnen gente en torno a una comida o una copa de vino crean un momento que tiene algo de sagrado. Y no tiene nada que ver con lo religioso”.
Del Rivero mezcla en su obra (que puede verse en la galería madrileña de Elvira González) lo conceptual con la artesanía y, casi siempre, con alguna referencia literaria. Por ejemplo, en los noventa escribió 3.000 Cartas a la madre, dibujos sobre papel sobre los que, a veces, bordaba; más tarde, en la instalación La perfecta casada, cosió con perlas las páginas de la obra de Fray Luis de León hasta completar una especie de cola de novia de 19 metros sobre la que caía una cascada de tul. También se ha fotografiado con Duchamp jugando al ajedrez o reinterpretando Las hilanderas de Velázquez.

La conversación con Del Rivero salta de Madrid a Nueva York sin solución de continuidad. Sus frases empiezan en inglés y acaban es español. Mientras se acaba la ensalada de rúcola -que al final era de hoja estrecha- recuerda cómo se vivió el triunfo de Barack Obama en la ciudad más demócrata de Estados Unidos, con permiso de Los Ángeles: “Estaba viendo los resultados en casa de unos amigos, en Soho, y, cuando salió California para Obama, desde todas las ventanas se oyó un clamor, como cuando en España celebran un gol. Nos pusimos a llorar”. De la victoria, dice, a la esperanza que ha nacido en muchos estadounidenses: “En lugar de síndrome de Estocolmo tenemos síndrome de Obama. Sin él, no saldremos de esta depresión terrible”.

Durante el segundo plato, unos saccotini de boletus, Del Rivero habla del significado profundo de otras obras suyas, las Heridas, papeles rasgados que ella ha suturado con hilo dorados. “Es como si el papel fuera una extensión de mi piel. Son las rasgaduras de mi vida. Pero lo que me interesaba era el proceso de curación, el hilo que cura las heridas. Luego está la transformación del papel en oro, esa especie de alquimia que es para mí el arte unido a la belleza: una curación”. Son obras como puñetazos, pero su autora insiste en que no quiere provocar dolor, sino la sensación de que uno puede asomarse al abismo y pensar que puede volar.

En su caso, la curación llegó siete años después del 11-S, el tiempo que dicen los psiquiatras que tarda en superarse un trauma grave. La tragedia se le metió literalmente en casa -por entonces vivía en el 125 de Cedar Street, justo enfrente de las Torres Gemelas- y su mundo se vino abajo: “Me quedé tan vacía que no sabía si podría volver a ser artista”.

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