peliculas5013imagen1Les copio un artículo interesante sobre lecturas gastronómicas y gastrosóficas que apareció en Babelia, el suplemento cultural de el periódico El País, a cargo de manuel Rodríguez Rivero.

 

REPORTAJE: SILLÓN DE OREJAS

¡A comer, que se acaba el mundo!

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO 09/05/2009

Babelia, El País

 

A lo mejor ha llegado el momento de reponer, con honores de reestreno preferente, La grande bouffe, la película de Ferreri que logró un singular succés d’escandale en el Festival de Cannes de 1973. Como posiblemente recordarán algunos de mis improbables lectores, la cinta cuenta el encuentro de cuatro problemáticos varones (Mastroianni, Piccoli, Noiret, Tognazzi) que, cansados de sus tediosas existencias, deciden encerrarse en una villa para suicidarse comiendo (y fornicando) hasta la muerte, un empeño en el que, finalmente, se verán asistidos por una fascinada profesora (interpretada por la estupenda Andrea Ferréol). Lo que entonces se leyó como una grotesca alegoría de lo que se llamaba “sociedad de consumo”, podría verse ahora como puro socialrealismo, a juzgar por la omnipresencia de los temas gastronómicos en los medios y el incremento del interés hacia el espectáculo de la manduca tal como lo entienden los chefs. Mientras los grandes cocineros exigen su lugar en el museo -y mejor al lado de Vermeer que de los accionistas vieneses-, la crisis ha convertido los libros de cocina en uno de los pocos productos editoriales que proporciona alegrías comerciales, al menos en los países (todavía) ricos. Claro que, en contra de la irritante retórica minimal de los “artistas” culinarios, los libros que se venden son aquellos que explican cómo comer más gastando menos. Se nota que a la gente que (todavía) se lo puede permitir le ha dado o por mimar el cuerpo o, en el peor de los casos, por convertir su ansiedad en bulimia. Los que se llevan son los recetarios para bolsillos apurados, de manera que la nueva consigna gastrobibliográfica parece resumirse en: comer bien, comer más, comer por menos (tiempo y dinero). De entre las novedades que me han interesado selecciono Bueno, bonito y barato, de Elena Figueras Albi (Debolsillo); Cocina asequible, de Fernando Canales (Ediciones B), y Recetas para novatos: más allá del bocadillo de chóped, de Laura Donada (Punto de Lectura), tres ejemplos de la nueva moda del austerity chicque, según The Economist, ya ha llegado hasta las más exclusivas delicatessen y tiendas para gourmets. Observo con satisfacción que en los recetarios predominan materias primas humildes y preparadas sin la farfolla de la cocina-espectáculo. Entre todas ellas merece mención especial la humilde y sustanciosa patata, a la que Michel Onfray, el más epicúreo de los gastrofilósofos, sigue ponderando por ese carácter “noble y popular” que tan bien supo reflejar Van Gogh en una de las más estremecedoras ceremonias de interior jamás pintadas. Por lo demás, los autores de los libros citados parecen haber tenido más en cuenta a Gargantúa que a Brillat-Savarin, algo que seguramente llena de alegría a Carpanta y Protasio, dos viejos amigos que han regresado a su domicilio bajo el puente después de que el banco les arrebatara su casa.

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