Les copio, de la misma revista Ling, una linda reseña sobre el origen de los croissants. Esta media luna de nombre francés tiene en realidad su origen en Viena aunque su forma es un recordatorio a la bandera turca. Ese croissant ha dado para mucho. Es incluso en su versión «roja» , el símbolo de la  cruz roja en los países musulmanes…

El texto es de Ximena Arnau y aparece publicado en la revista Ling del mes de octubre 2010.

El francés que vino de Viena


Para el Imperio Otomana, el segundo asedio a la capital austríaca acabó como la primera, en un mero intento. Sin embargo, para los vieneses la contienda
terminó con un dulce final en forma de croissant.

Su  nombre, incluso su sabor a mantequilla, remite inevitablemente a la cocina francesa. Pero no, el croissant o, como se le conoce oficialmente en castellano, el cruasán, no es francés, sino austríaco. En concreto, de Viena. No fue hasta mediados del siglo 19 cuando un oficial austríaco, de nombre August Zang, lo introdujo en Francia como parte de la carta de
la panadería vienesa que se disponía a abrir en el número 92 de la calle Richelieu en París.
Dos siglos antes, el conocido bollo nacía en Viena. Según cuenta la leyenda, fue en 1683 cuando las tropas otomanas, después de tomar Hungría y Creta, entre otras regiones, se plantaron, por segunda vez en algo más de un siglo, ante las murallas de la capital austríaca. Pese a haber salido victoriosos de las anteriores contiendas, para los turcos la conquista de Viena no iba a resultar una tarea sencilla. La resistencia de los vieneses, comandados por el conde Ernst Rüdiger van Starhemberg, se reveló numantina.
Después de innumerables e infructuosos asedios, el ejército otomana bajo el mando de Kará Mustafá decidió poner en marcha un plan B. Este consistía en socavar un túnel para superar
las murallas y sorprender a los defensores de la ciudad. Para evitar que éstos descubrieran sus intenciones, los turcos decidieron excavar únicamente por las noches, mientras los habitantes de Viena dormían. Pero lo que no tuvieron en cuenta Kará Mustafá y sus hombres es que para un pequeño colectivo de la ciudad, los panaderos, la noche era el momento de máxima actividad. Fueron ellos precisamente los que alertaron a las tropas vienesas de las intenciones de los otomanos tras varias noches escuchando los ruidos que producían con sus excavaciones. De esta forma, los cazadores se convirtieron en cazados. Los vieneses sorprendían a los turcos y no viceversa.
Tras expulsar de sus tierras al ejército otomana, no sin la ayuda de otros estados cristianos (en especial, el polaco), el rey Leopoldo I quiso recompensar a los panaderos con la
concesión de varios honores y privilegios, entre ellos, el derecho de usar la espada al cinto. Los panaderos, a su vez, quisieron agradecer el reconocimiento del soberano así como de
todos sus conciudadanos, elaborando un nuevo tipo de pan con forma de media luna, símbolo del ejército otomana, a modo de ‘dulce’ mofa …

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