Acabo de enterarme, gracias a una de las conferencias que asistí en el Tarragona Photo Food Festival , que existe una profesión llamada ¨Food Styling¨. En ella, el profesional es un maquillador de alimentos,  el que prepara el platillo para la foto.
Trabajan para editoriales de libros y revistas de cocina, para empresas que necesitan que su producto alimentario luzca apetecible para el lanzamiento de una campaña publicitaria, un anuncio, un encarte o un envase.
Son un híbrido entre un chef y un fotógrafo: terminan sabiendo mucho de cocina de la que  terminan incluso enamorándose y saben de fotografía, de como debe llegarle la luz al alimento para que luzca mejor, manejando conceptos de forma, iluminación, textura,…

Pero al final se dedican a lo suyo: maquillar. Saben lo que el mercado les pide de modo que un estilista de comida norteamericano nunca mostrará los ojos de un pescado , que no agradan a sus paisanos mientras que un profesional europeo saben que los suyos buscan en aquella mirada ictica la esencia de la frescura.
Es una profesión con inicios en los años 30 y que pretende sugerir y no simplemente mostrar.
La conferencia en cuestión estuvo dictada por una histrionisa ocurrente y simpática de nombre Denise Vivalco,  acompañada de su compañera de equipo cuyo nombre no recuerdo.
El recibimiento a la conferencia fue con un regalo: recibimos de manos de la propia  Vivalco un ejemplar de su libro The Food Stylist Handbook, un gesto que me dejó gratamente sorprendida por su  generosidad desarmante.
Durante la conferencia recordaba a la audiencia que la información la encontrariamos en el libro lo cual garantizó una total atención por parte de los presentes.
Empezaron por mostrar algunas fotos propias y ajenas del estilismo culinario de los años 70, donde los pollos y budines lucían unas galas solo comparables con las camisas con hombreras, los trajes de lentejuelas y los peinados encopetados tan en voga por aquellos años.
El primer impacto fue el confirmar que , a diferencia del fotógrafo Joris Luyten (https://sabordefamilia.com/?p=5230)   del día anterior (que decía que los alimentos que fotografiaba eran todos comestibles aunque en ocasiones sosos), este equipo fotografía conceptos. Sus fotos reflejan ideas . Los productos alimentarios que fotografían  son en su mayoría no comestibles. Pollos crudos bronceados a punta de colorantes, pavos de pechos insuflados a punta de papel colocado en su interior, bebidas refrescantes en vasos helados logrados con gelatinas de silicona.
En el mundo de la alimentación cuenta con sus top models: what you see is not.
necessarily what you get. Pero la misma Vivian lo justifica recordando que todas las modelos que anuncian el rímel (mascara) para aumentar las pestañas en realidad usan pestañas postizas.
No quiero que suene a que estoy haciendo un juicio de valor. Simplemente estoy impactada por un mundo para mi desconocido. Aquella imagen de las panquetas humeantes coronadas por un trozo de mantequilla derritiendose bañadas por una cascada de sirop de arce en realidad son unas panquecas congeladas (para preservar la consistencia durante la sesión fotográfica), la mantequilla derretida con soplete y un espeso jarabe de azúcar pasado por el congelador de manera que su caida sea controlable y fotografiable.
Dieron detalles fascinantes de como presentar un pollo fotogénico para el mercado norteamericano, al que nunca hay que mostrar el interior eviscerado hueco y  cuyas  patas ( me refiero al pollo, no a los norteamericanos!) deben colocarse en posición de  firme ,a los lados.
De mas está decir que pueden tardarse horas en una sesión fotográfica para preparar los alimentos.
Para la publicidad, cada cliente dicta sus pautas y es importante entender el mercado al que está dirigido el producto. Se cuidan hasta los detalles del plato en donde se va a colocar el alimento (Para un producto congelado que anuncia un asado “casero”, con la receta “ como la de la abuela”, el plato puede ser de colores calidos, barato, facilmente conseguibe en los mercados, para el el cliente sienta que ese asado es “tal y como se prepara en casa”).
Vivian apuntaba que los norteamericanos tienen una cierta animadversión a visualizar la grasa en las carnes. No es que no terminen ingiriendo toneladas de ella, en sus mas variadas formas. Es simplemente que no le gusta ver un bistec o un costillar con grasa. De manera que un buen soplete esta incluido en la caja de herramientas de todo  estilista que merezca ser respetado.
Otro instrumento muy utilizado es el Scotch Gard (capa protectora que se aplica en spray sobre las tapicerías para evitar que se manchen ). Se coloca sobre una carne a la que se le va a colocar una salsa para que ésta no la absorba mientras se fotografié. O sobre un vaso al que luego se le atomizan gotas de agua para darle un aspecto refrescante a la bebida. O laca de cabello sobre los cereales. O el kitchen bouquet diluído en agua para que el alimento luzca dorado. O pegamento de dentaduras (poligrip) para pegar los alimentos del plato o bandeja.
La vaselina es utilizada para cerrar “fisuras” en la textura de un pescado mientras que el vodka pincelado sobre el aguacate o guacamole evita que se ennegrezca ( mucho mejor que lo que se logra colocando la semilla del aguacate en el guacamole).
Otros datos: al fotografiar una taza, hay que sobre-llenarla , no dejar espacios vacios entre el borde y el contenido, lo cual obligaría al fotógrafo a apuntar la cámara hacia adentro
Sugirió para los que se inician en el campo y que desean abrirse camino en el mercado norteamericano, incluir en sus portafolios un deseable pollo, una apetitosa hamburguesa, un insinuante pavo y una caliente sopa: the american dream.
Quiero decirles que es una de las conferencias donde más me he divertido en mucho tiempo. Vivian es la gran comunicadora norteamericana: sabe su oficio de atrás para adelante, le gusta compartir sus conocimientos y es sumamente graciosa.
Saco como conclusión que la imagen de un alimento es algo más que una foto. Es un concepto que une ideas preconcebidas por una sociedad con  conocimientos de marketing.
La Santísima Trinidad en las publicaciones culinarias está conformada por un chef con un bouquet de recetas , probadas una y otra vez; un estilista, que capte el concepto del autor y lo trasmita, retoucherie en mano y cual Hermes conector, al fotógrafo. Éste último atrapará a través de su objetivo un mundo de sensaciones. Quizás debería agregar la labor de un riguroso editor, que organice ideas y recetas, ate cabos  sueltos c, ponga el orden necesario para hacer gastronomicamente viable lo escrito y de un balance entre imagen y texto.
Y si al final, aquel pastel que preparamos siguiendo meticulosamente todas las instrucciones no salió como en la foto, no se desanimen: quizás es por que le faltó un toque de laca de cabello!

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